Error 1: Equiparar dolor crónico a secuelas objetivables sin justificar la metodología
El error más frecuente y grave en la valoración pericial del dolor crónico es tratarlo como si se pudiera cuantificar igual que una secuela objetivable, sin detallar la metodología empleada ni justificar en profundidad la equivalencia. Es habitual encontrar informes periciales que asignan directamente un número de puntos de secuela al dolor persistente, sin exponer de forma crítica las limitaciones de las pruebas clínicas ni las bases científicas del diagnóstico de dolor crónico.
Supongamos un lesionado de 35 años con dolor lumbar persistente tras un accidente de tráfico, sin hallazgos en resonancia ni EMG. El perito, sin más, asigna 4 puntos de secuela por "lumbalgia crónica" en aplicación del baremo de la Ley 35/2015. Sin embargo, el artículo 106 de la LRCSCVM exige que toda valoración pericial se base en criterios científicos y en una metodología razonada. La consecuencia es que, si la aseguradora impugna, la indemnización puede ser reducida o anulada por falta de fundamentación, como ha recordado la doctrina del Supremo en varias resoluciones recientes.
¿Cómo hacerlo bien? Es imprescindible justificar la metodología: detallar qué escalas se han empleado (por ejemplo, EVA, McGill), explicar la relación temporal y causal, y analizar la congruencia con la clínica y la literatura médica. Si se asignan puntos por dolor, debe razonarse por qué ese dolor cumple criterios de cronicidad según la IASP y cómo impacta funcionalmente. La sentencia del Tribunal Supremo 727/2023, de 3 de mayo, rechaza la mera traslación automática de la queja dolorosa a puntos de secuela sin análisis crítico y exige "justificación detallada de la metodología empleada".
Error 2: Ignorar el impacto de la subjetividad en la indemnización
Otro error habitual es subestimar cómo la subjetividad intrínseca del dolor crónico afecta a la cuantificación indemnizatoria. El dolor persistente, por definición, carece muchas veces de correlato lesional objetivable, lo que genera inseguridad jurídica si no se aborda con rigor. Algunos peritos y abogados presentan el dolor crónico como una realidad inatacable, sin matices, olvidando que la valoración debe ponderar la credibilidad del relato, la coherencia clínica y la plausibilidad médico-legal.
Imagínese un caso en el que una trabajadora de 50 años refiere dolor cervical invalidante tras una caída, pero los informes clínicos solo recogen hallazgos degenerativos previos. Si la perito se limita a trasladar la queja subjetiva a la tabla de secuelas, puede encontrarse con una reducción drástica de la indemnización. El artículo 49 de la Ley 35/2015 exige que el daño sea "real, efectivo y susceptible de valoración económica". La STS 1058/2024, de 28 de febrero, recuerda que "la valoración del dolor crónico no puede basarse exclusivamente en la declaración del lesionado, sino que ha de estar sustentada en pruebas clínicas y criterios de razonabilidad médico-legal".
La forma correcta de proceder es documentar la evolución clínica, emplear escalas validadas y analizar la congruencia entre el relato, la exploración y los hallazgos. En la práctica, la indemnización por dolor crónico sin objetivación suele oscilar en el rango mínimo de puntos de secuela del baremo, salvo que concurran factores agravantes (como alteraciones funcionales demostrables). Consultar siempre la Resolución DGSFP vigente para los valores actualizados.
Error 3: No diferenciar entre dolor crónico, dolor persistente y dolor neuropático
Confundir los distintos tipos de dolor es un error que afecta tanto a la precisión clínica como a la cuantificación legal. El baremo distingue entre dolor crónico inespecífico (por ejemplo, lumbalgia), dolor persistente secundario a lesión estructural y dolor neuropático (como ocurre tras lesiones de nervio periférico). Sin embargo, no es raro ver informes en los que se califica genéricamente cualquier dolor prolongado como "dolor crónico", sin especificar la etiología ni valorar el impacto funcional según la tabla 2.A.1 del baremo.
Supongamos un supuesto de neuralgia postraumática tras sección parcial de nervio cubital. Si la perita no diferencia entre dolor neuropático (que puede alcanzar hasta 12 puntos de secuela según la tabla 2.A.1.2) y dolor inespecífico, la cuantificación puede ser errónea, con pérdidas indemnizatorias de varios miles de euros. La consecuencia es doble: o bien se minusvalora una secuela relevante, o bien se sobrevalora un cuadro subjetivo sin base lesional, lo que alimenta la litigiosidad y la impugnación pericial.
La corrección pasa por emplear terminología precisa, justificar el diagnóstico diferencial con criterios de la IASP y detallar el impacto funcional. El Tribunal Supremo, en su sentencia 727/2023, insiste en que "la valoración del dolor debe ser diferenciada y proporcional a la entidad lesional y a la repercusión funcional objetivada".
Error 4: Falta de análisis crítico de la literatura médica y de los criterios de la IASP
Un error menos visible, pero relevante, es la escasa referencia a la literatura médica y a los criterios internacionales para la definición y tipificación del dolor crónico. Muchos informes periciales se limitan a reproducir la sintomatología referida por el paciente, sin apoyarse en guías clínicas ni en la definición de dolor crónico según la IASP (dolor persistente más de 3 meses, con impacto funcional y exclusión de simulación). Esto debilita la fuerza probatoria del informe y deja la puerta abierta a la impugnación por parte de la aseguradora o la defensa.
Por ejemplo, en un supuesto de dolor postquirúrgico tras hernia discal, si la perito no expone que el cuadro cumple criterios de dolor crónico según la IASP y no cita estudios que avalen la plausibilidad del diagnóstico, la indemnización puede ser recortada por falta de base científica. El artículo 106 de la LRCSCVM y la doctrina del Supremo exigen que la prueba pericial "se fundamente en criterios científicos aceptados y en la literatura médica relevante".
La buena praxis exige citar fuentes reconocidas, justificar la plausibilidad médica del dolor crónico en el contexto del caso y analizar críticamente la posibilidad de simulación o agravación, como recomienda la literatura internacional.
Error 5: Extrapolar el dolor crónico a incapacidad laboral sin correlación funcional
En el ámbito laboral, un error frecuente es asociar automáticamente el diagnóstico de dolor crónico a una incapacidad permanente, sin analizar la correlación funcional real. La jurisprudencia reciente del Supremo subraya que la mera existencia de dolor persistente no justifica la incapacidad si no hay repercusión funcional demostrable (STS 1058/2024 de 28 de febrero).
Pensemos en una persona de 45 años que refiere dolor crónico tras accidente laboral, pero conserva movilidad articular y fuerza muscular normales. Si la perito concluye incapacidad permanente total solo por el dolor referido, sin pruebas objetivas de limitación, la resolución puede ser revocada en vía judicial, con el consiguiente perjuicio económico y reputacional.
La forma adecuada de abordar estos casos es detallar la clínica, emplear pruebas funcionales, y justificar la limitación laboral con criterios objetivos. Solo así la valoración pericial del dolor crónico será sólida y defensible ante tribunales.
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